CARLOS BLANCO / TIEMPO DE PALABRA

 

Troya

 Los altos funcionarios del chavismo articulan un plan, el Plan Siniestro, en el cual se prevé que Chávez sale del poder, pero ellos no.  El Gobierno manipula en varios escenarios para distorsionar el referendo, mientras procura no perder la apariencia democrática.

 

La faena sucia la hacen las instituciones electorales y judiciales que controla; en tanto, Chávez recorre el país en una campaña financiada con recursos públicos sin control.  A la sombra, hay otro grupo de funcionarios que no aparece demasiado en público: magistrados, generales, integrantes del Poder Moral, policías y algunos miembros del Ejecutivo.  Estos trabajan para intentar someter y dominar al nuevo gobierno democrático, sobre la base del chantaje.  Lo llaman "negociación forzada".

 

MUERTE AL AMANECER. 

Los que maquinan este plan no están involucrados en los asuntos electorales más que cuando de ellos se necesite una decisión para obstaculizar el RR.  Su atención principal es el escenario en el cual el Presidente sale de su cargo; en ese caso intentan que siga intacta la estructura institucional del Estado que dominan.

 

El escenario que afrontará el nuevo presidente democrático será de alta complejidad.  Bien pronto, puede cavilarse, las demandas de una sociedad hostilizada se harán presentes.  No cabe duda, por ejemplo, que habrá que proceder a dar respuestas adecuadas a los despedidos de Pdvsa, a los perseguidos, a los vejados, a todos los muertos, heridos y contusos que ha dejado la revolución en el camino.  Tales demandas, en medio de apremios fiscales e intentos perturbadores por parte de las guerrillas urbanas bolivarianas, sólo pueden afrontarse exitosamente con una plataforma común, capaz de involucrar a todos los sectores del país, y con un fuerte entendimiento político.

 

Frente a este panorama, los personeros del régimen actual se dedican a formar una estrategia que obligue al nuevo gobierno a sometérseles, so pena de que si no lo hace se vería asediado por decisiones del fiscal, del contralor, del defensor del Pueblo, del Tribunal Supremo y de varias de sus salas, así como por la mayoría que _piensan_ conservarían en la Asamblea Nacional.

 

Este Plan Siniestro tiene el doble propósito de cubrir a los personajes con un manto de impunidad por los delitos cometidos bajo el régimen actual; y, por otra parte, asegurar la mediatización de las decisiones del nuevo gobierno democrático.  De no someterse a los designios de estos patibularios institucionales, entonces el nuevo gobierno sería acusado de ¡antidemocrático!

 

Piénsese qué puede hacer todo el día un funcionario inútil, de esos que sólo han defendido al régimen, cuando se aproxima el fin.  ¿De qué se ocupará cuando sabe que sus delitos, faltas o crímenes le serán reclamados, aun con toda la disposición de los nuevos gobernantes a impedir que se desaten venganzas que a nada conducen?

 

AUNQUE SEA UN GRITICO, una cacerola o una impropiedad tronará en los castos oídos de los revolucionarios derrotados y despechados.  Lo saben muchos de ellos, los que intuyen que no caben en el avión que va para La Habana, y están dedicados a comprar protección mediante la amenaza del uso de su poder institucional, con el argumento _escuchado también en los feudos opositores_ de la continuidad del Estado y sus políticas.

 

Cabe imaginarse entonces al contralor resucitado, denunciando el uso de los recursos por parte del naciente gobierno; al fiscal imputando a los nuevos funcionarios porque coartaron el derecho a manifestar a los círculos bolivarianos armados; al sonriente defensor clamando por los derechos de carapaicas y tupamaros; al TSJ estudiando, con académica seriedad, el enjuiciamiento del nuevo Presidente porque está utilizando las "cadenas" indebidamente; o porque viajó a descansar a La Orchila y eso es peculado de uso, o porque pasó a la Corte Marcial a los oficiales prevaricadores.

 

Desde estas líneas se defiende la idea de que no debe haber venganzas.  Sólo un Poder Judicial confiable puede establecer responsabilidades.  Sin embargo, esta visión no puede llevar a pensar que aquí sólo va a haber un cambio del Presidente y los ministros, y que todo lo demás va a seguir igual.  Esto sería un fraude que, por lo demás, la sociedad no aceptaría.  El juego de los altos funcionarios que aspiran a enchufarse en la nueva situación es evidente: sabotear y chantajear.

 

EL CAMINO DEMOCRATICO: LA CONSTITUYENTE. 

La Asamblea Constituyente es un recurso previsto en la Constitución, que puede ser activado por el presidente en Consejo de Ministros.  Esa Asamblea se podría convocar este mismo año y reflejaría la composición política actual del país.  Los partidarios del régimen actual tendrían la oportunidad de ensayar otra vez su kino electoral; la oposición podría configurar alianzas, con las cuales promover figuras aptas para rehacer la Constitución.

 

De la misma manera, la Constituyente procedería a la renovación total de los poderes, como poder supraconstitucional que sería, de acuerdo con el aceite de ricino que esta sociedad se tragó con ayuda de la vieja Corte Suprema, y de acuerdo también con la tesis biónica del magistrado Delgado Ocando sobre la transitoriedad permanente, para llevar la alternativa democrática a un radiante final; del mismo modo que ese magistrado procuró llevar la revolución a su apogeo.

 

Podría caber el temor de que al control absoluto de Chávez lo sucediera un control absoluto de la oposición; pero, tal temor debe ser desechado sin demora. No hay tal cosa que sea "la" oposición como ente único, macizo y homogéneo.  Este sector es una pluralidad total, más cercana al saco de gatos que a la uniformidad stalinista. Por lo tanto, si algo puede ofrecer la oposición es una pluralidad promiscua; su peligro es, más bien, la disipación.  Ni siquiera habrá la modesta diversidad que se exhibía cuando imperaba el bipartidismo, sino mayor entretenimiento, mucho más surtido político.

LA CONSTITUYENTE ES UN mecanismo que apela a la sociedad, movilizada como nunca antes, para que exprese la voluntad de cambiar el Estado y los términos en los que desea hacerlo.

 

La idea de que el país se aproxima a un mero cambio en el Poder Ejecutivo es un engaño.  No es verdad; ni es posible.  No es verdad, porque la sociedad decidió combatir un régimen que se adueñó del conjunto de los poderes públicos para perpetrar su latrocinio; no es posible, porque un gobierno democrático, prisionero del régimen revocado, en un trimestre tiene el fracaso asegurado.  Chávez ha sido el líder e inspirador del actual desastre; pero, los verdugos directos han sido los que ahora quieren controlar por sus partes más íntimas al poder democrático que se instalará.  Y el país no debe olvidar que fue no entender lo que Chávez representaba lo que relajó a las élites e hizo que éstas le abrieran las compuertas del Estado al caballo de madera que asomaba a sus puertas, con sus intestinos repletos de paracaidistas.

 

Es de desear que con la tesis de "la continuidad" no se dinamite la epopeya que la sociedad democrática está a punto de lograr.

 

carlosblancog@cantv.net

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