La Máquina de Smartmatic es Vulnerable
Por: Miguel Manrique,
Director de la Escuela de Estudios Políticos UCV.
Ante profesores, estudiantes y empleados de la Escuela de Estudios Políticos
de la UCV la máquina de la cual depende el destino político del país fue
vulnerada. No pasó la prueba interna de los estudiosos de los sistemas e
instrumentos electorales.
Nadie se equivoque no se trató de una rigurosa prueba de los ingenieros de
sistemas y peritos electrónicos de la academia, no, por el contrario. El
sistema electrónico fue expuesto en una de las tantas exhibiciones públicas
que promueve la empresa Smartmatic para demostrar la calidad del producto
que ha vendido al CNE, para quienes han de utilizarla el 15 de agosto a fin
de determinar si el Presidente Chávez continúa o no en la Presidencia de la
República y con él, el proyecto bolivariano. De allí la trascendencia de lo
ocurrido en la sala de lectura de politólogos y aspirantes a serlo.
El martes 28 de junio pasado, Smartmatic
presentó su flamante producto electrónico ante un selecto auditorio de
académicos y estudiosos de la Ciencia Política. La curiosidad y avidez por
conocer y palpar la sobria mercancía italiana impregnaba el ambiente de la
sala. El técnico de la empresa vendedora y responsable del funcionamiento de
todo el sistema de votación y totalización de la voluntad política de los
venezolanos centró su exposición en la inviolabilidad de los datos
electorales acumulados electrónicamente en su seno, en la seguridad del
sistema de comunicación entre la máquina y el centro de totalización ubicada
en el CNE.
La empresa fue reiterativa en el supuesto de
máxima seguridad de los datos encriptado en sus inaccesibles sistemas
electrónicos.
La avalancha de preguntas de los potenciales
usuarios no se hizo esperar. La mayoría de ellas apuntando hacia la sospecha
de fraude electrónico que la máquina podría permitir a los actores políticos
radicalizados. Las respuestas del técnico de Smartmatic insistían en la
imposibilidad de acceder a las archí seguras redes de la tecnología
italiana. Sin embargo, los presentes no se dejaban convencer por el novel
vendedor y arremetían, desde todos los ángulos, una y otra vez, contra los
flancos más vulnerables de la ya misteriosa máquina.
Desde el famoso "botón de seguridad" o "botón
de arranque" que ha de monopolizar el Presidente de la Mesa designado por el
CNE y responsable de permitir que la máquina esté lista para ser usada por
el votante de turno, hasta las probabilidades de acceso de los hakers a los
sistemas de comunicación de los datos, pasando por posibles preparativos de
sistemas paralelos que permitirían cambiar votos tales por cuales en el
momento de la totalización en el cerebro central del CNE, fueron objeto de
criticas y agudas observaciones.
Dudas y más dudas, las cuales fueron
sorpresivas e inexplicamente reforzadas por el último de los usuarios
casuales. Al final de la prueba de fuego, rigurosamente resistida por la
máquina, donde todos los presentes, unos tras otros simularon votar por él
Si o por el No, el vigilante de la Escuela tímidamente preguntó si podía
votar. La respuesta no se hizo esperar.
De inmediato se acercó a la maquina y frente
al técnico de Smartmatic pulso dos teclas y para sorpresa de todos pudo
acceder al derecho a votar sin que fuese autorizado por quien pulsaba el
"botón de Seguridad". El vigilante había roto todos los supuestos
estadísticos; había acertado a ciegas cual era la clave de acceso que
Smartmatic había seleccionado para garantizar la seguridad de que el votante
pudiese emitir un solo voto, al ser autorizado por el Presidente de la Mesa
al pulsar el "botón de Seguridad".
El elector, al tener la clave, puede votar las
veces que él quisiese sin ser autorizado por el Presidente de la Mesa a
través del ya inútil "botón de Seguridad".
El técnico quedo mudo y solo logró balbucear
¡es imposible!. La máquina no paso la prueba interna de la UCV y no hay
reparación posible.
La probabilidad real de fraude electrónico
quedó a la vista de todos. La prueba empírica así lo demuestra. El voto
manual es la solución.
Y para los más curiosos, hablé con el
vigilante y le pregunté cual había sido la clave que había utilizado y me
respondió: la misma que uso para desbloquear el celular 1 *. Así de
simple. No basta con cambiar la clave, alguien siempre la tendrá y podrá
divulgarla. Hay que eliminarla y colocar el "botón de Seguridad" sólo al
alcance del elector en el momento de dirigirse al lugar de votación. La
amenaza de fraude electrónico no es ciencia ficción, es real. Fue probada en
la Escuela de Estudios Políticos de la UCV.
*Director de la Escuela de Estudios Políticos
UCV