NAVIDAD 2004 Y AÑO NUEVO 2005

¿Tiempos de celebración o de reflexión?

 

 

Ramo Verde, 21 de diciembre de 2004

 

            Desde hace días se nota el cambio del tiempo, “Pacheco” sube por las colinas de Ramo Verde y deambula libremente por los pasillos del Centro Nacional de Procesados Militares, atravesando sin obstáculo alguno los barrotes que limitan mi desempeño y libertad físicas, pero que paradójicamente, también han ampliado mi libertad de pensar y de expresar sin temor mis ideas. La Navidad y Año Nuevo que se avecinan me resultan un tanto extrañas, y si bien mi profesión me ha obligado a pasar algunas de estas festividades lejos de mi hogar, nunca antes había enfrentado la realidad de que estas, al contrario de las anteriores, son muy particulares en virtud de que estoy privado de la libertad y que podría pasar hasta cinco más en igual condición. Es por ello que esta Navidad 2004 y Año Nuevo 2005, no pueden ser para mi tiempos de celebración, pero si de profunda reflexión que humildemente deseo compartir con Ustedes.

 

            Seis sendas Navidades y Años Nuevos han pasado desde que Hugo Chávez Frías fue electo para la Presidencia de la República, seis festividades que por sus marcadas diferencias son la clara demostración de las profundas convulsiones que la Sociedad Venezolana ha padecido, y cuyas consecuencias en el mediano y largo plazos son muy difíciles de predecir. La Navidad de 1998 y Año Nuevo de 1999, fueron de gran expectativa y celebración, una importante victoria electoral había catapultado a Chávez a la Presidencia, más por el deseo de la Sociedad de lograr un cambio en el rumbo, ante la realidad de unas instituciones políticas desgastadas y una dirigencia que ofrecían “más de lo mismo”, que por la propia oferta política de Hugo Chávez Frías y de sus promesas de convertirse en el “paladín de los pobres y de los desamparados”. Como consecuencia, el año 1999 fue signado por una inusual dinámica política, más impulsada por el discurso de Chávez, que por la propia consistencia de sus planteamientos, y que culminó con la aprobación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, calificada por el propio Presidente como la esencia misma de la Revolución Bolivariana. Sin embargo, la Navidad de 1999 y el Año Nuevo de 2000 ya no fueron de celebración, miles de muertos y desaparecidos, y decenas de miles de damnificados de las tragedias de los Estados Vargas y Miranda, signaron el fin de la luna de miel política con el Gobierno Bolivariano. La falta de capacidad de desempeño para solucionar la crisis, en la cual lo coyuntural y político prevaleció sobre las necesidades de la gente y sobre las soluciones estructurales requeridas en el Estado Vargas, comenzaron a evidenciar la fragilidad de la capacidad de gestión de Hugo Chávez Frías, quien súbitamente y sin razón lógica aparente, rechazó las ofertas de ayuda de los EE.UU. y de los países de la comunidad europea, con demostradas condiciones y experiencia de hacer, asumiendo, en aras de una inexistente condición autárquica, y sobre la base de ideas prejuiciadas, posiblemente inducidas por Fidel Castro, que al aceptar la ayuda se estaba vulnerando la Soberanía Nacional, o de que esta ayuda tenía un doble propósito. Es así como se perdió la oportunidad de haber utilizado la ayuda disponible de expertos en calamidades y desastres, se dilapidaron ingentes recursos financieros y miles de toneladas de alimentos y medicinas terminaron deteriorándose dentro de contenedores de los que se desconocían su carga y ubicación. Se pretendió, por un enfoque obtuso de Chávez convertir cultural y socialmente a los habitantes del litoral, acostumbrados a ver la inmensidad del mar, en agricultores o en comerciantes en el interior del país, extrayéndolos de su hábitat natural y abandonándolo a su suerte en lugares tan recónditos y hostiles, que los propios lugareños se negaban a poblar.

 

Es pues a partir del 2000, que los venezolanos comenzamos a percibir, que Hugo Chávez Frías, no era quien pretendía ser. Si bien el año 2000 discurre con importantes victorias políticas como la relegitimación de las autoridades en agosto; el fiasco electoral de “…el 28, el 28, el 28…”, dio cuenta de la precariedad institucional del Chavismo y su incapacidad para hacer, aspectos que irremisiblemente han marcado su gestión. La expectativa de que con la culminación de la agenda política, Chávez pasaría inmediatamente a la agenda económica y con las mejoras sustantivas experimentadas en los precios del petróleo, la Navidad del 2000 y el Año Nuevo 2001, si ofrecieron algunos motivos de celebración. Pero es a partir del 2001, y muy a pesar de los constantes anuncios de los éxitos de las transformaciones económicas y sociales, y el lanzamiento de la denominada “Constituyente Económica”, que el común de los ciudadanos vislumbra las verdaderas naturalezas de la Revolución Bolivariana y del propio Hugo Chávez Frías, sirviendo como catalizador político la arbitrariedad en la aprobación del Paquete de Leyes. Dos hechos resaltan, la disidencia, fundamentalmente de las madres que se opusieron a la aplicación del Decreto 1.011, bajo el lema “…con mis hijos no te metas…” y la súbita aparición de una oposición, que inspirándose en el rechazo generado por el Paquete de Leyes, fue capaz de instrumentar un paro cívico en medio de las preparaciones de las festividades navideñas, aguándole a Chávez la celebración del Día de la Aviación Militar, y sembrando temores en el seno del propio Régimen. El 2002 trae malas noticias, al punto de que Chávez en clara demostración de su indisposición para gobernar en paz, permite que tanto la violencia institucional, como la generada por los grupos radicales que lo apoyaban, atacaran el 11 de abril a la manifestación popular y pacífica más contundente, espontánea y masiva en la historia venezolana. Las consecuencias de sus acciones y omisiones, generaron su súbita salida voluntaria del poder, la cual se hizo inviable por la actitud no menos autoritaria de Carmona y su séquito, que en clara violación de la Constitución pretendió disolver las autoridades constituidas, mediante un írrito decreto. Durante el 2002, se profundizan las debilidades del Régimen y culmina con el pronunciamiento de los militares en la Plaza Francia de Altamira y con el Paro Petrolero de Diciembre del 2002, que si bien estaba condenado al fracaso, debido a que no tomaba en cuenta la clase de adversario que Hugo Chávez Frías constituye, si le demostró al mundo que “algo estaba podrido en Venezuela”. El año culmina en luto por la Masacre de la Plaza Francia, donde una vez más se puso en evidencia como actúan las huestes oficialistas en contra de los ciudadanos pacíficos.

 

En el 2003, la Sociedad Democrática y los dirigentes políticos adoptaron una estrategia multivariable, que a la par de manejar los elementos tradicionales de aproximación política de búsqueda de una solución “democrática, pacífica y electoral”; contenía elementos de confrontación y presión en la calle, demostrando por la contundencia, pluralismo y espontaneidad de las acciones, que ya el pueblo no está con Chávez y que la Revolución Bolivariana es inviable. El punto culminante de esta dinámica es la contundente victoria electoral y política del proceso de Recolección de Firmas, en el cual la Sociedad Democrática, en contra de todos los obstáculos interpuestos por los funcionarios del CNE y del Plan República, generó un número más que suficiente de firmas para la convocatoria del Referéndum Revocatorio Presidencial. A pesar de que la Navidad 2003 y el Año Nuevo 2004 tenían motivos para celebrar, también sirvió para que el Régimen realineara sus estrategias, y aprovechando el largo asueto que se tomaron los dirigentes de Oposición, comenzó a preparar las acciones para confinar la libertad de acción de la Sociedad Democrática hacia la consecución de aspiraciones en el Referéndum Revocatorio Presidencial.

 

¿Cómo calificar el 2004?, yo lo califico como el año de las ilusiones perdidas, el de los desengaños y el de la dirigencia incapaz. La Sociedad Democrática nuevamente se comportó con gallardía y heroísmo, estoicamente enfrentó la violencia desenfrenada del Régimen el 27 de febrero y días subsiguientes, asistió masivamente al proceso de reparos y soportó el 15 de agosto con aplomo y resolución largas colas, esperando muchos, por más de diez horas para depositar su voto en el Referéndum Revocatorio Presidencial. Que respuesta recibió, por un lado, la de funcionarios de alto nivel de las Instituciones que supuestamente deberían defender el derecho y garantizar el imperio de la ley, y que lejos de cumplir con sus funciones, violaron sistemáticamente las normas legales al punto de que no han explicado las inconsistencias en los procesos electorales, evidenciando con su conducta, la alta posibilidad de que se fraguaron fraudes electorales, tanto en el Referéndum Revocatorio Presidencial como en las Elecciones Regionales. Por el otro lado, la de la dirigencia de la Oposición, que no solamente mostró una lenidad difícil de igualar en la defensa de los derechos de los ciudadanos, sino que le facilitó a los representantes del Régimen la instrumentación de medidas claramente ilegales, − condicionamiento de las “firmas de caligrafía asistida”, falta de soporte a la sentencia de la Sala Electoral, indefinición de procedimientos de escrutinio, etc. −. La prepotencia de esos dirigentes fue de tal magnitud, que todavía resuenan los descalificativos que ellos hacían cuando ciudadanos comunes, expertos y comunicadores sociales ponían de manifiesto sus inquietudes y mostraban evidencias de las irregularidades que se estaban presentando, el proceso está “blindado”, indicó alguno.

 

Esos seudo líderes no solamente desatendieron el clamor de la Sociedad Democrática, sino que le hicieron la “vista gorda”, a las evidencias presentadas por la comisión presidida por el abogado Tulio Álvarez, prefiriendo atender sus intereses políticos personales para las Elecciones Regionales. Esos seudo líderes son los que le atribuyeron a la Sociedad Democrática la causa de sus derrotas, cuando lo que verdaderamente ocurrió, fue que los electores con su abstención lo que hicieron fue castigarlos. Como si esta incapacidad no fuera suficiente, un prominente alcalde abandonó despavorido su cargo, dejando a merced del terrorismo judicial a sus subalternos, y otros quienes habiendo sobrevivido políticamente el desastre electoral, hoy pretenden plantear políticas de acercamiento y negociación con el Oficialismo, llegando a expresar eufemismos como “borrón y cuenta nueva”. ¡Hay que ser bien caradura! ¿Es que se pretende remendar lo pasado como si fuera una tarea o una plana mal elaborada? ¿Es que debemos olvidar el pasado, en aras de agendas personales coyunturales? El Pueblo y la Sociedad Democrática Venezolanas han escrito un manifiesto de libertad, principios y valores con una tinta indeleble hecha con la sangre de los muertos y heridos, con las lágrimas de las víctimas, las de sus deudos, familiares y amigos, las de los presos y perseguidos políticos y con el sudor de los cientos de miles de gaseados, apaleados y ultrajados de las marchas y concentraciones. ¿Quiénes son ellos para plantear procesos de acercamiento y negociación con un régimen violador de los derechos humanos, cuando las víctimas hemos sido nosotros?

 

            Con los antecedentes expuestos, la Navidad 2004 y el Año Nuevo de 2005 no son para celebrar, pero si para mucho reflexionar. Las vías electorales no podrán ser verdaderamente efectivas sino hasta el 2006, y requieren de nosotros un indisoluble propósito de lograr que las instituciones actúen en función de los principios constitucionales y legales y no en función de las directrices del Régimen. La Sociedad Democrática debe asumir una posición de resistencia monolítica que bloquee la Revolución Bolivariana, por constituir esta, un proceso alienígeno de control socio-político, cuya pretensión es “desculturalizarnos” y convertirnos en una versión actualizada del modelo castrista. Su objetivo final es la transformación de la sociedad, la prioridad, conquistar las mentes y almas de nuestras hijas e hijos, ¿Es que queremos que ellos se comporten como la niña cubana que hizo la grotesca exaltación de Fidel Castro y el Che Guevara en el Teatro Teresa Carreño? Si somos indiferentes ante nuestro futuro y sumisos ante lo que hace el Régimen, estaremos condenando a nuestros hijos a un futuro similar al que hoy sufre el pueblo cubano, un “…mar de la felicidad…”, donde anualmente mueren cientos de seres humanos, víctimas de la represión y la brutalidad de un régimen genocida y un número indeterminado que mueren ahogados, insolados, deshidratados y devorados por los tiburones, en los Estrechos de la Florida. ¿Es eso lo que deseamos para nuestras futuras navidades y años nuevos?

 

            La Sociedad Democrática Venezolana tiene genes de libertadores y un útero capaz de engendrar y parir sus nuevos líderes, lo único que nos falta es la confianza de saber que somos capaces de lograrlo, el propósito de no ser sumisos y la férrea resolución de no dejarnos esclavizar. El “águila” que otrora se jactara de que no “…caza moscas…”, es ahora un ave carroñera que comparte el fétido festín de los despojos de las Instituciones del Estado con las moscas, que representadas por los funcionarios sumisos pululan a su alrededor. La Sociedad Democrática Venezolana no puede presenciar el drama, y dejar que la desangren continuamente en espera de convertirse en la próxima víctima.

 

            ¡No lo permitamos, resistamos en espera de la oportunidad que Dios y el destino sin duda nos depararán!

 

            Pido al Todopoderoso que en esta Navidad 2004 y el Año Nuevo 2005, los colme de bendiciones y cuidados. Que estas fechas sean para acrecentar nuestro espíritu de unidad, vocación democrática, de justicia y libertad. Que recibamos la venida de Nuestro Señor Jesucristo en familia, santificando su voluntad y pidiéndole desde lo más profundo de nuestro ser, que nos haga fuertes y valientes para las luchas que vendrán.

 

Francisco V. Usón R.

Preso Político y de Conciencia

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